UN POCO DE HISTORIA

Escribir sobre la historia de las ollas, es tan amplio como la evolución del hombre, tan extenso como el universo y tan relativo como el significado o la importancia de los colores, pero la idea es conocer algunos datos que pueden ser interesantes en la evolución de la cocina y sus utensilios.

Todo inicia hace 790.000 años con el descubrimiento del fuego, cuando nuestro antepasado el Homo Erectus lo usa, lo domina y descubre que las carnes, pescados y frutos son más agradables después de ser sometidos al calor, y ahumados que crudos. No sólo más agradables, el fuego también ayudaba a eliminar bacterias. Al ser cocidos, los alimentos eran más digeribles y se perdía menos tiempo comiendo, aunque distinto a procrear, cazar y comer no debía haber muchas más actividades.

La cocción y manipulación de los alimentos se ha solucionado de diferentes formas. Cada cultura aprovecha lo que la naturaleza y su entono le proporciona: conchas de tortugas o moluscos, maderas o piedras. Hace 10.000 años, en el Neolítico, período que se caracteriza por el desarrollo de la economía productiva al implementar la agricultura y la ganadería; por los primeros poblados; y por la utilización de la piedra pulida y la cerámica; aparece la olla de barro, la cual era impermeable y soportaba el calor. Este objeto tan cotidiano ha tenido un papel fundamental en la evolución del hombre y su alimentación.

La cerámica evoluciona, se recubre con materiales naturales y posteriormente es vidriada, es decir, cubierta con esmalte. Desde el año 5000 a.C. los egipcios empezaron con ese trabajo en objetos ornamentales y pequeñas esculturas y después de ser perfeccionada la técnica, fue posible la aplicación en superficies de cerámica donde controlaban el espesor y el color.

Las ollas de hierro fundido surgen en el siglo XVII, un típico ejemplo es la Saugus pot, una olla de tres patas que se ponía sobre las brasas.

En la Edad Media, 1000 años de historia que han dado para mucho, y cuyo legado podemos disfrutar hoy, se cocinaba a fuego abierto en parrillas y hornos, los recipientes eran de barro, hierro o bronce y solían ser ollas, sartenes y calderos.

Llegamos al siglo XIX y crece la oferta, sin dejar a un lado la cerámica que resurge con fuerza. Desde cacerolas de cobre o hierro forjado hasta las de aluminio que se consolidan por su bajo precio en el siglo XX. En este mismo siglo, a principios, se inventa el acero inoxidable al descubrir que un poco de cromo añadido al acero común, le daba una apariencia brillante y bastante resistente a la suciedad y al óxido.

Hasta el invento del Teflón®, el aluminio dominó en las baterías de cocina y compitió en franca lid con nuevos y revolucionarios productos como la olla eléctrica y la exprés, patentada en 1919 por el español José Alix.

Después de tanta historia y tantos materiales para escoger, definitivamente me quedo con el hierro fundido, jamás pasará de moda y siempre hará parte de la historia.

 

Por: Mónica Restrepo Isaza

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