PERDÍ LA OLLA…

Que tal lo que se siente cuando olvidamos por allá abajo en un cajón una olla de hierro y está completamente oxidada… ¡provoca botarla! Pero cuando recordamos lo buena que es para cocinar y cada uno de los deliciosos platos que hemos preparado en ella, tomamos aire y reflexionamos.

El óxido es menos grave de lo que pensamos. Es el resultado de una reacción de oxidación y reducción conocida como redox. Estas dos reacciones siempre van juntas, porque cuando una sustancia se oxida, siempre es por la acción de otra que se reduce, una cede electrones y la otra los acepta. En nuestro caso el hierro de la olla pierde electrones que son transferidos al oxígeno. Importante saber de dónde viene esa capa color rojizo provocada por la humedad o redox, pero más interesante y útil saber cómo deshacernos de ella y recuperar nuestras ollas.

Personalmente prefiero los trucos caseros a los químicos o productos abrasivos creados para combatir la oxidación. Hay diferentes métodos y productos, todo depende del estado en que esté la olla o cacerola.

La sal gruesa es uno de los mejores “exfoliantes” para el hierro. Se cubre la superficie oxidada con sal, se le agregan unas gotas de aceite y se deja reposar unos diez minutos. La sal es abrasiva, así que ayudará a sacar el óxido y el aceite es un buen lubricante para la sal. Con la ayuda de un paño se frota la olla o cacerola con esta pasta y el óxido empieza a desprenderse de la superficie. Si la pasta está oscura por el óxido puede repetirse el proceso o seguir el plan B.

El plan B es cuando el óxido es moderado y funciona también muy bien: bicarbonato de sodio -que sirve para todo- y una papa partida a la mitad. Se rocía la superficie oxidada de la olla o cacerola con el bicarbonato y después unas gotas de limón. Se deja un momento y se frota con la papa partida por toda la superficie, poco a poco el óxido va desapareciendo. Se enjuaga la olla y se repite hasta que quede totalmente limpia.

Cuando el problema es leve y es sólo una ligera mancha de color rojizo, funciona muy bien calentar la olla o cacerola y frotar con medio limón, el óxido con el calor y el jugo de limón se desprende fácilmente. Otro ingrediente efectivo en este proceso es el vinagre, se deja la olla o cacerola en remojo de un día para otro y desaparece el óxido.

Finalmente hay un producto, que no lo he probado, pero si he oído hablar bastante de él y es el papel aluminio. Se cortan tiras o pedazos de este papel, se humedece y se frota la superficie oxidada, dicen que el óxido va desapareciendo, como si el papel de aluminio fuera un borrador.

Aunque hay varias alternativas y soluciones, creo que lo más importante es conservar las ollas y cacerolas de hierro en buen estado y “darles vuelta” de vez en cuando para que no aparezca el redox u óxido.

Por: Mónica Restrepo Isaza

1 Comment

  • Abel Cárdenas dice:

    Acertados estos tres consejos.
    Tenemos tres sartenes de tres tamaños y cocinar en ellos tiene su encanto, voy por la olla y la pataconera.

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